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Las diferencias que nos unen

Internacional
“A veces, aquello que consideramos obvio en nuestro día a día, cambia cuando lo miran otras personas”

Mahou Andina

La cantidad de ideas y pensamientos que se le pasan a una por la cabeza cuando sale de su famosa “zona de confort”. Nada más y nada menos que 10.695 kilómetros separan la calle Titán de Madrid de nuestra pequeña bodega de Camino Vecinal en Santiago de Chile, unas 13 horas en avión (pregunta que siempre me hacen cuando saben dónde vivo).

Mahou AndinaPodría empezar con tantas cosas que son distintas que no acabaría. Por ejemplo, sin ir más lejos, la manera de hablar. Porque a veces, incluso teniendo aparentemente el mismo idioma, no dejaré de sorprenderme y al mismo tiempo comprender que sí somos diferentes, pero en el buen sentido, ¿cachai?

Como cuando te das cuenta de que los españoles nos pasamos media vida en nuestros bares, donde hemos solucionado prácticamente todos los problemas del mundo, conocido a gente maravillosa o no tanto, incluso dado buenas o malas noticias a nuestros familiares y amigos; y, por supuesto, acompañando cada uno de estos encuentros seguramente con una caña de Mahou, San Miguel o Alhambra y probablemente, una tapa. Así, descubres que fuera de España la realidad es otra: los bares no son “nuestros bares” como los conocemos y nos relacionamos, tus marcas favoritas de siempre no son las que encuentras más al alcance, la “caña” tiene otro significado no deseado y la comida siempre se paga, no se regala. Quizá es entonces porque crecieron con otras referencias y cultura diferentes, no malas, sino distintas.

Mahou AndinaEs ahí cuando te das cuenta de que no es a lo que estás acostumbrada y debes adaptarte. Descubres que en Chile hay un sustituto natural del bar. En este país, te abren, literalmente, la puerta de su casa. Crean un ambiente de celebración alrededor de un “asado” y no, no es un simple momento de cocinar para después comer en una mesa, es algo más. Se crea un vínculo entre los presentes, entre el o los “parrilleros” y los comensales que, entre cerveza y cerveza, conversan mientras esperan nuevas piezas de la parrilla que van quedando listas para comer. La cerveza es para el chileno como la carne para el asado: necesaria.

Quizá, por eso, no me sorprende lo poco que pesa en consumo el canal HORECA en el país, aproximadamente un 18% frente al más del 60% de España (previa pandemia, además), pero en Chile existe un tercer canal relevante que no contemplamos los españoles: el canal tradicional o comúnmente conocido como las “botillerías”.

Todavía recuerdo la primera vez que acompañé a un comercial a una botillería. Aún avisada previamente de lo que iba a ver, no dejó de sorprenderme la pared llena de carteles de marcas de cerveza con precios pegados unos encima de otros, además de una reja en la puerta de acceso al local (para evitar los robos) que dejaba entrever un mostrador, donde detrás se enfilaban una multitud de marcas de alcohol, en su mayoría nacionales, de pisco, vino y sobre todo cerveza; otras bebidas refrigeradas; y en algunos casos, algo de espacio en las esquinas para bolsas variadas de patatas, frutos secos o dulces.

Mahou AndinaEl dueño en su caso, sonriente, aunque algún otro no tanto, emerge entre numerosas cajas de cerveza tipo lager (la más vendida en el país andino) esparcidas por el pequeño local, dejando prever el poco espacio que tiene, que eso significa que no te comprará hoy. Saludando, levantando el mentón y reconociendo al comercial, nos invita a entrar mientras le va avisando: “¡El de la Majú! ¿Cómo estai? ¡En verdad, no necesito más chela...!” Y de pronto, mientras estamos allí, aparecen dos camiones de la competencia al mismo tiempo con un cargamento de cervezas listas para descargar. Para esas sí habría espacio, claramente. Pero el comercial no desiste e insiste amablemente, armado de una paciencia sabia y natural, buscando un nuevo discurso para conseguir que el cliente logre comprar un poquito más de la “Majú” y colocarla en los famosos coolers de venta. Pues la cerveza en Chile se vende y se bebe muy fría, casi helada.

Justamente, una de las primeras cosas que me sorprendió cuando llegué al país fue encontrar a un grupo de desconocidos hablando de una tal “Majú”. No fue hasta cuando visité la botillería cuando comprendí que se referían a nuestra querida y reconocida marca española Mahou. ¡Qué risa me dio! Las cosas que consideramos tan obvias en nuestro día a día, cambian cuando las miran otros.

Quizá, también, eso sea lo importante, ¿no? Las diferencias entre nosotros es lo que a veces puede unirnos, de manera incomprensible. Es extraordinario como fuera de Segovia, de España, en un rincón pequeño de un país, largo, larguísimo, adoran la cerveza como tú la adoras e incluso, poco a poco, nuestras marcas. Es ahí cuando te das cuenta de que no somos tan distintos porque incluso al otro lado del océano, simplemente hay costumbres que no cambian. Estemos de asado en casa o de terraceo en un bar, la cerveza en la mano fresquita con seres queridos se debe tomar.